No es optimismo forzado ni pensamiento positivo: es un estado corporal donde el sistema se regula, la mente se aquieta, la experiencia se intensifica, y dejamos de vivir en alerta constante.
Cuando dejamos de fragmentarnos entre lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos. Cuando el cuerpo, la mente y la experiencia empiezan a hablar el mismo idioma.
El taoísmo nos recuerda que lo natural no se fuerza. La vida se mueve con inteligencia propia cuando dejamos de interferir y el budismo señala que el exceso de control nace del miedo a la impermanencia. Soltarlo no nos vuelve frágiles: nos vuelve disponibles.
Confiar no es saber qué va a pasar.
Es saber que podemos estar con lo que pase.
Nos vemos en la esterilla estos primeros días y luego os dejo en muy buenas manos,
con calma, presencia y confianza.
— Dany